

Llegar a A Coruña entre finales de octubre y noviembre tiene una ventaja inesperada: aparecen puestos de castañas asadas, los barrios preparan magostos y el 31 de octubre las calabazas comparten protagonismo con el Samaín. Conviene saber qué significa cada tradición y dónde tiene más arraigo, porque el magosto no se vive igual en la ciudad que en el interior y el Samaín actual tampoco es simplemente un Halloween traducido al gallego. Este recorrido explica de dónde vienen ambas costumbres, qué papel tienen el fuego, la castaña y la noche de difuntos, y cómo puede vivirlas un visitante alojado en A Coruña sin dar por hecho que habrá una gran fiesta programada en cada esquina.

El magosto es una reunión alrededor del fuego para asar castañas y compartirlas, tradicionalmente con vino nuevo. Está ligado al final de la recogida de la castaña y al calendario agrícola de otoño, por eso su momento fuerte llega en la primera mitad de noviembre. En Galicia suele concentrarse entre el 1 y el 11 de noviembre, en torno a San Martiño, aunque hay celebraciones desde finales de octubre.
La castaña tuvo durante siglos un peso importante en la alimentación gallega, antes de que la patata y el maíz ganasen terreno. El magosto conserva esa memoria agrícola: la cosecha termina y llega el momento de reunirse alrededor del fuego.
Sobre el nombre conviene no ser tajante. No existe un consenso etimológico cerrado. Se han propuesto explicaciones a partir de expresiones latinas como magnus ustus («gran fuego») o magnum ustum, vinculada al carácter ritual del fuego. Hoy «magosto» puede referirse tanto a la propia celebración como al conjunto de castañas asadas que se comparten en ella. Su presencia tampoco es igual en toda Galicia: tiene especial arraigo en el interior, con Ourense como uno de sus grandes referentes. En A Coruña se vive de forma más vecinal y discreta.
El 31 de octubre Galicia comparte con otros territorios atlánticos una noche vinculada al cambio de estación y a los muertos. Hoy se habla de Samaín para recuperar ese imaginario, aunque la conexión directa entre todas las costumbres gallegas y el antiguo Samhain celta no está documentada de forma simple ni continua.
Sí existe memoria de prácticas gallegas relacionadas con la noche de difuntos, como vaciar calabazas y tallarles rostros. Los nombres cambiaban según la zona: en Cedeira, por ejemplo, se conocen como caveiras de melón, ya que localmente se denominaba «melones» a ciertas calabazas empleadas para tallarlas.
La recuperación contemporánea del Samaín tomó fuerza desde Cedeira a partir de 1990, impulsada por el maestro Rafael López Loureiro y colectivos culturales. Desde allí se extendió por Galicia, de modo que hoy conviven elementos tradicionales, recreaciones recientes y códigos del Halloween global.
Samaín y Halloween no son dos mundos completamente separados y hoy se mezclan bastante. La diferencia está en el enfoque: el Samaín gallego pone acento en difuntos, las ánimas, las calabazas talladas y el imaginario popular propio.

La queimada encaja bien en esa atmósfera, aunque no es parte obligatoria ni del Samaín ni del magosto. Se prepara con aguardiente de orujo, azúcar y, según la receta, piel de limón o naranja y granos de café. Al prenderla, el alcohol arde y la preparación se convierte en una pequeña puesta en escena colectiva.
El famoso conjuro de la queimada tampoco es medieval. La versión hoy más conocida fue compuesta en Vigo en 1967 por Mariano Marcos Abalo y se popularizó después. Su función ritual es simbólica: ahuyentar meigas y malos espíritus mientras el grupo se reúne alrededor del fuego.
«Mouchos, coruxas, sapos e bruxas…
demos, trasgos e diaños…»
Puede aparecer en celebraciones de Samaín y en reuniones de otoño o invierno, pero conviene verla como una tradición asociada, no como el origen de la fiesta.
En A Coruña el magosto existe, aunque suele tener menos escala que en el interior. Asociaciones vecinales y entidades culturales organizan encuentros con castañas, música o actividades familiares. El inconveniente para quien viaja es que muchos se anuncian con poca antelación, así que merece la pena consultar la agenda oficial del Concello durante los días previos. En los años recientes, el propio Concello ha apoyado magostos vecinales en distintos barrios de la ciudad.
También están los puestos de castañas asadas que aparecen con el frío, especialmente por el entorno de los Cantones y el Obelisco. No sustituyen a un magosto, pero forman parte del paisaje urbano del otoño.
El Samaín tiene más visibilidad en la ciudad. Los centros cívicos suelen programar actividades, especialmente familiares, y el 31 de octubre la Ciudad Vieja gana ambiente al anochecer. La programación municipal de años anteriores confirma que esta celebración se extiende por numerosos centros cívicos y barrios, pero para saber qué está confirmado en 2026 lo sensato es revisar la agenda cuando se acerque la fecha. También puedes consultar todas las fiestas y eventos de A Coruña.
Betanzos está a unos 25 km, aproximadamente 25-30 minutos en coche. Es una buena escala para combinar casco histórico y comida; si quieres ampliar la ruta, puedes enlazar la visita con los pueblos con más encanto de la provincia.
Las Fragas do Eume requieren algo más de margen. Pontedeume está a unos 35-40 minutos y, desde allí, hay que continuar hacia los accesos del parque; calcula unos 45-55 minutos en total según el punto al que vayas. Este bosque atlántico incluye robles y castaños, y la información oficial de las Fragas do Eume permite comprobar accesos y condiciones antes de salir. A finales de octubre anochece pronto y el suelo puede estar muy húmedo, así que conviene empezar el paseo con tiempo.
Si tu prioridad es vivir el magosto donde tiene más arraigo, una hora no basta. Ourense está aproximadamente a 1 hora y 50 minutos por carretera desde A Coruña, y la Ribeira Sacra exige todavía más desplazamientos. Allí la relación entre San Martiño, los sotos de castaño y el magosto es mucho más visible; es un plan de día completo.
La castaña asada es la protagonista del magosto, la fiesta de las castañas por excelencia, acompañada a menudo de chorizo y vino nuevo. Fuera del magosto también aparecen postres, cremas y guarniciones.
Los otros grandes protagonistas son las setas en Galicia. Octubre y noviembre concentran buena parte de la temporada micológica, así que boletus, níscalos, rebozuelos y otras especies empiezan a aparecer en mercados y restaurantes según las lluvias y la disponibilidad. Para un visitante, comprarlas en un puesto especializado es bastante mejor idea que recogerlas por su cuenta si no sabe identificarlas.
En A Coruña puedes aprovechar para comprar producto local en los mercados de la ciudad y cocinar algo sencillo al volver. Si prefieres sentarte a la mesa, aquí tienes una selección de los mejores restaurantes de A Coruña. El marisco también gana presencia en otoño, aunque cada especie sigue su propio calendario, así que merece la pena preguntar por el producto del día.
Octubre y noviembre en la costa coruñesa piden flexibilidad: la lluvia y el viento forman parte del clima atlántico. Lleva capas, una prenda exterior impermeable y calzado que tolere suelo mojado. Para un magosto, añade algo más de abrigo: suele celebrarse al aire libre y de tarde-noche.
Conviene dejar un plan alternativo a cubierto. Si el día se complica, nuestra guía sobre qué hacer en A Coruña cuando llueve permite reorganizar la jornada sin convertirla en una carrera.
Alojarse con cocina cambia bastante el viaje en esta época. Si vuelves del mercado con castañas, pan, queso o setas compradas a un especialista, puedes resolver una cena sin volver a salir bajo la lluvia. En Noro Plaza, nuestros apartamentos en el centro de A Coruña están junto a María Pita, cuentan con cocina integrada y permiten moverse a pie por buena parte del centro, algo especialmente práctico en otoño.
Si el viaje cae ya a finales de noviembre, puedes enlazar estas tradiciones con otro cambio de ambiente: cuando llegue la Navidad la ciudad empieza a girar hacia la programación de invierno.

La mayoría de los magostos se concentran entre el 1 y el 11 de noviembre, alrededor de San Martiño, aunque puede empezar a finales de octubre. Las fechas exactas dependen de cada asociación, barrio o municipio.
El Samaín actual recupera tradiciones gallegas vinculadas a los difuntos, las ánimas y las calabazas talladas, mientras Halloween llega a Galicia principalmente a través de la cultura anglosajona contemporánea. Hoy ambos se mezclan bastante.
Sí, pero suele ser más pequeño y vecinal que en el interior. Lo habitual es encontrar iniciativas de asociaciones y barrios, además de puestos de castañas asadas; conviene revisar la agenda municipal porque muchos programas se anuncian cerca de la fecha.
La base es aguardiente de orujo y azúcar. Es frecuente añadir piel de limón o naranja y, en algunas recetas, granos de café. Después se prende el alcohol y se recita el conjuro mientras arde.
Si el magosto es uno de los motivos principales del viaje, sí. En Ourense y otras zonas del interior tiene más peso que en A Coruña ciudad, pero hay que organizar el desplazamiento como una jornada completa.
Sí. El otoño, especialmente octubre y noviembre, es la principal época de fructificación de muchas especies. Para comerlas con seguridad, lo más sencillo durante un viaje es comprarlas en mercados y comercios especializados o pedirlas en restaurantes.
El otoño gallego se entiende mejor cuando deja de ser solo una estación y empieza a leerse en sus costumbres. Una castaña recién asada, una calabaza iluminada o un conjuro mucho más moderno de lo que parece cuentan historias diferentes. A Coruña permite acercarse a todas sin fingir que la ciudad es el centro de cada tradición: sirve de base para vivirlas a su escala y, cuando apetece, salir a buscar una versión más rural.
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